| Repensando la planeación estratégica parte 1: riesgos y falacias.
Henry Mintzberg*
Traducción de: Anahí Gallardo Velázquez
* "Rethinking Strategic Planning" en Long Range Planning, Vol. 27, No. 3, pp.12-21. Gran Bretaña, 1994.
Los planificadores han tendido a echar la culpa de los
problemas de la llamada "planeación estratégica" a una serie
de riesgos, específicamente a la falta de apoyo de la alta dirección
y a climas organizacionales no propicios a la planeación.
Pero la
planeación estratégica pudo haber desalentado el apoyo que sus proponentes
proclamaban necesitar y, por sí misma, haber generado climas no favorables
a la elaboración de estrategias.
Por lo tanto, los problemas reales
pueden encontrarse a un nivel más profundo que el de estos riesgos,
esto es, en una serie de "falacias" relacionadas con las habilidades
para predecir discontinuidades, acerca de la capacidad de separar
a los estrategas del hecho de hacer estrategias, así como de formalizar
el proceso de elaboración de estrategias.
La primera parte de este
artículo, que está dividido en dos, concluye que la "planeación
estratégica" es como el oxígeno para el retraso mental.
La llamada planeación estratégica surgió a mediados de los 60's
con una gran fuerza, propiciada por la popularidad del libro de Igor
Ansoff: Estrategias Corporativas,1 publicado en 1965.
Tres décadas más tarde, se puede decir que si bien el concepto no
está muerto del todo, ha caído de su pedestal. Sin embargo,
en mi opinión, las razones para esto todavía son poco comprendidas,
lo que significa que todavía pueden generarse costosas aventuras bajo
otros rubros.
En esta primera parte sobre el surgimiento y declive de la planeación
estratégica, basado en mi último libro bajo ese título, considero
lo que falló y lo que se puede aprender de esa experiencia, tanto
de nuestros procesos de administración, como de nosotros mismos. En
una segunda parte considerase las lecciones de esto para la planeación,
tanto para los planes como para los planificadores.
El experto ha sido definido como alguien que evita los múltiples riesgos
que hay en su camino hacia la gran falacia. Los planificadores son
expertos en esto y algunos han escrito en forma extensa acerca de
los "riesgos" que minan la práctica de la planeación. Yo creo
que tenemos algo que aprender de estos peligros, pero no como hasta
ahora han sido tratados en la literatura. Mi intención, por el contrario,
es darles la vuelta y mostrar que la planeación puede ser la mera
causa del problema por la que sus proponentes han tendido a culpar
a otros. Esto despejará el camino para señalar una serie de falacias
fundamentales, que creo han afectado la planeación estratégica, que
en conjunto las reduce a una gran falacia.
Los posibles peligros de la planeación.
Un buen número de artículos publicados a través de los años,
han identificado los "peligros" de la planeación. El más conocido
ha sido acerca de la investigación que realizó Steiner sobre varios
cientos de compañías, en su mayoría de grandes2.
Aquí, como
en otros estudios, sobresalen dos peligros: la ausencia de apoyo a
la planeación por parte de la alta dirección y un "clima"
en la organización no acorde con la misma. La tabla 1 enlista diez
de los principales peligros referidos por Steiner: razonablemente
seis o siete de ellos se relacionan con estos dos (los números 1,
2, 4, 7, 10 y tal vez, el nueve con el primero y el 6 con el segundo).
En cierta forma, los peligros son a la planeación como los pecados
a la religión: impedimentos que deben ser hechos a un lado, defectos
cosméticos que requieren ser descartados de tal manera que el trabajo
noble del servicio superior pueda llevarse a cabo. Excepto que los
peligros de la planeación son casi siempre cometidos por "ellos"
y no por "nosotros". Los administradores desatentos y las
organizaciones disfuncionales son los pecadores, no los planificadores
mismos o sus sistemas. Citando a Abell y a Hammond, "Las causas
subyacentes de los problemas de hacer que la planeación funcione,
rara vez son las deficiencias técnicas del proceso de planeación o
los enfoques analíticos; constituyen, más bien, problemas de la naturaleza
humana".
Y tienen como su fuente, la naturaleza humana.3 Lo que esto parece significar es que "los sistemas podrían haber
funcionado bien si no fuera por los malditos seres humanos".
Pero has- ta que las organizaciones se deshagan de las personas
en beneficio de la planeación, es mejor que encontremos otras formas
para explicar los problemas de la misma.
TABLA 1
Los peligros de la planeación corporativa
1.- La suposición de la alta dirección de que puede delegar la función de planeación a un planificador.
2.- Al directivo le absorben tanto los problemas emergentes que dedica un tiempo insuficiente a la planeación a largo plazo, y el proceso se desacredita entre los otros funcionarios del staff.
3.- Error en el desarrollo de metas factibles, como una base para la formulación de planes a largo plazo.
4.- Omisión en asumir el compromiso en el proceso de planeación de la mayoría del personal de línea.
5.- Falla al usar los planes como estándares en la valoración del desempeño administrativo.
6.- Descuidar el fomento de un clima en la compañía que favorezca, a la planeación.
7.- Asumir que la planeación corporativa de gran alcance es algo ajeno al proceso completo de administración.
8.- Inyectar demasiada formalidad al sistema, que le haga falta flexibilidad, fluidez y simplicidad, restringiendo la creatividad.
9.- Omisión de la alta dirección de revisar con las cabezas departamentales y divisionales, los planes a largo plazo que han desarrollado.
10.- El rechazo continuo de la alta dirección de los mecanismos formales para tomar decisiones intuitivas que parecen entrar en conflicto con los planes formales.
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Se ha oído más sobre los riesgos de la falta de apoyo de la alta dirección
que de otros. Pese a todo, seguramente ninguna otra técnica de planeación
ha tenido mayor apoyo que la planeación estratégica. Por ejemplo,
en la Compañía General Electric, el más conocido sistema de planeación
en América fue echado a pique a inicios de los 80's, cuando Jack Welch
ocupó el principal cargo ejecutivo. ¿Supo Welch algo que Steiner,
Abell y Hammond no tuvieron presente? De hecho, ¿había tenido (previamente)
la planeación estratégica de la General Electric mucho apoyo de la
alta dirección?
En relación a lo adecuado que resultaba el clima a la planeación,
¿hubo ocasiones en que tal clima no favoreció la efectividad del total
de la organización?, ¿puede un clima, por ejemplo, ser compatible
con un cambio importante pero hostil a la planeación?
Planteándolo en forma diferente: ¿un clima que favorece la planeación
estratégica necesariamente es propicio para el pensamiento y acción
estratégicos?
Al abordar estos temas alternativos, usaré una definición reducida
de planeación, necesaria desde mi punto de vista. Defino la planeación
como un procedimiento formal para generar resultados articulados,
en la forma de un sistema integrado de decisiones. En otras palabras,
la planeación se refiere a la formalización, lo que significa la descomposición
de un proceso en pasos claros y articulados. La planeación está asociada
de esta manera a un análisis "racional".
Naturalmente, la planeación con frecuencia se usa de una manera más
amplia que ésta. Para algunas personas, planeación es ir a un retiro
en la montaña para hablar de estrategias. No hay problema alguno en
esto, excepto que cuando la planeación se define en forma tan amplia,
se convierte en sinónimo de administración, ¿para qué se necesita
una palabra diferentes? Como Wildavsky lo planteó en el título de
un artículo: "Si la planeación es todo, posiblemente es nada".4 En la práctica, sin embargo, esto constituye un serio problema. Implícitamente,
cuando no explícitamente, existe en el fondo un sentido de racionalidad
formal de la palabra. Se le puede llamar "planeación" y de
repente las cosas se sistematizan, las agendas quedan listas, los
procesos se descomponen, por ejemplo: "Discutiremos los objetivos
en la mañana, fortalezas y debilidades en la tarde", los horarios
se establecen, "Las Estrategias Corporativas el martes a las 5
p.m., las Estrategias de Negocios el jueves por la tarde". De
esta manera, la planeación no significa tanto pensar estratégicamente,
como pensar acerca de estrategias en forma racionalizada, descompuesta,
articulada. Con esto en mente, reconsideremos los riesgos de la planeación.
El riesgo del compromiso
El asunto no es simplemente si la administración se compromete
con la planeación. También es: a) Si la planeación se compromete
con la administración, b) Si el compromiso con la planeación genera
un compromiso con las estrategias y con el proceso de la elaboración
de estrategias de planeación, c) Si la propia naturaleza de la planeación
favorece por sí misma el compromiso administrativo. Me propongo contestar
cada una de estas preguntas en sentido negativo. Compare un estilo
comprometido de administración con uno calculador.5 El primero
integra a las personas al viaje, encuentra una ruta y desarrolla entusiasmo
al viajar. La segunda se fija en el destino y calcula en forma inversa,
lo que, con frecuencia produce algo menos que integración, porque
para ser objetivo, como alguien señaló una vez, con frecuencia esto
significa tratar a las personas como objetos. Si alguien tiene dudas
acerca de qué estilo tiende a favorecer la planeación, considere lo
que describió Igor Ansoff en el año de 1964:
"La metodología subyacente consiste en una serie de pasos diferenciados
y reducidos: se identifica un conjunto de objetivos para la firma,
se diagnostica la situación actual de la empresa en relación con esos
objetivos, y se determina la diferencia entre éstos (o lo que nosotros
llamamos la brecha). El operador es evaluado por sus propiedades para
disminuir la brecha. Si éstas son satisfactorias (la brecha esencialmente
se cierra), el operador es aceptado: si la brecha se cierra parcialmente
el operador es aceptado provisionalmente y se busca un operador adicional:
si el operador es marginal o negativo, se le rechaza y se busca uno
nuevo".6
Lo que a veces no se aprecia es que no hay tal cosa como una estrategia óptima, calculada a través de un proceso formal. Las estrategias intentadas
no tienen un valor en sí mismas: para frasear las palabras clásicas
de Philip Selznick, "un valor sólo en la medida en que la gente
se compromete y les infunde su energía".
7 El propósito esencial de la planeación estratégica, es reducir el
poder de los administradores sobre la elaboración de estrategias,
no importa qué tanto se haya dicho en contrario. Este es el efecto
de la formalización, y se revela más claramente en la forma en que
la intuición ha sido anotada en la literatura de la planeación. Para
citar a uno de sus contribuyentes más prolíficos, George Steiner:
"Si una organización es administrada por un genio intuitivo, no
hay necesidad de llevar a cabo una planeación estratégica formal".
Pero ¿cuántas organizaciones reciben una bendición de este tipo?,
y si la llegan a recibir, ¿cuántas veces tienen los intuitivos juicios
correctos?. 8Muy cerca de Steiner, se encuentra un volumen
consumado de publicaciones realizadas por Peter Lorange.
El escribió
que "el directivo en general, no debe estar... profundamente involucrado"
en el proceso, sino ser "el diseñador de él en un sentido general9.
Si ésta es la manera en que los altos directivos, y especialmente
los procesos críticos para ellos, son vistos por uno de los mejores
escritores en el campo, entonces, ¿cómo esperar que la planeación
genere el compromiso de la alta dirección?
En algún lugar de la jerarquía corporativa, el problema se vuelve
más severo, porque la planeación con frecuencia se usa para ejercitar
un control sobre los niveles medios y bajos de la administración.
Hasta Ansoff ha comentado sobre esa extrañamente ingenua receta de
que, si los administradores (de los niveles bajos) no planean voluntariamente,
se les asusta con el disgusto del gran jefe, ya que a él le encanta
planear.10 No es de sorprender que la cabeza del grupo operativo
de la General Electric le haya hablado con vehemencia al reportero
del Business Week, después de los cambios que efectuó Welch sobre:
"tomar con rudeza" su negocio "para alejarlo de la burocracia" de los planificadores.11 Todo lo que él quería, era compromiso
personal hacia su propia estrategia, por lo que había tenido que despedir
a los "planificadores".
El riesgo del cambio
Se ha considerado que un clima adecuado a la planeación debe,
a su vez, favorecer un cambio verdadero en una organización. Sin embargo,
la realidad puede ser que la planeación impida más que promueva tal
cambio y por lo tanto, llegue a destruir el mismo clima que clama
requerir.
El propósito de un plan es dar un giro a las cosas inflexibles, es
decir, poner a la organización en un curso de acción. Los planes pueden
no engendrar compromiso humano, era comprometer a la organización.
Un "plan flexible" como un Conservador Progresivo (o ¿un ingeniero
civil?) es como oxígeno para el retraso mental: ...la planeación por
dirección tiene que ser inflexible. Una vez que los planificadores
han hecho miles de cálculos que son necesarios para integrar todo
un plan, y han dado sus instrucciones, cualquier demanda de que alguna
figura revisada sea alterada, tiende a resistirse. Es necesario adherirse
al plan que ya ha sido formulado, simplemente porque no puedes modificar
parte de él sin alterar el todo, y esto implica que el trabajo que
se realiza frecuentemente resulte demasiado elaborado.12.
Aún el proceso de planeación mismo tiende a producir resistencia al
cambio verdadero de las organizaciones. Esto se debe a su necesidad
de descomposición que tiende a darse en términos de las categorías
establecidas de la organización - por ejemplo, los niveles existentes
de estrategia (corporativa, de negocios, funcional) o los tipos de
productos establecidos (definidos como "unidades estratégicas
de negocios"), sobrepuestas en las unidades de estructura en boga
(divisiones, departamento, etc.). Pero el cambio estratégico real,
generalmente significa, el rearreglo de categorías, que muchas veces
dejan detrás la planeación, y se concentran en el incremento del cambio
(Cambio progresivo).
De hecho, la planeación tiende a promover el cambio que es genérico,
en vez del creativo, simplemente porque el proceso es analítico, mientras
la creatividad requiere síntesis. Poniéndolo de otra manera, es la
creatividad, por definición, la que reorganiza las categorías establecidas:
la planeación, en contraste, por su propia naturaleza usa, y así preserva
estas categorías. Hay algunos planificadores creativos alrededor - es
decir, personas creativas con el título de planificadores - , pero
que nada tienen que ver con la tecnología o el proceso de la planeación.
Como resultado, una confianza en la planeación tiende a promover estrategias
que son extrapoladas del pasado o copiadas de otros. En la ciencia
como en el amor, alguien una vez dijo con sarcasmo: "una concentración
en la técnica es probable que lleve a la importancia". Explore
todos los diagramas de planeación estratégica - todas aquellas
secciones interconectadas que supuestamente le proporcionan estrategias -
y en ningún lado encontrará una sola que explique el acto creativo
de sintetizar ideas en estrategias. Todo puede formalizarse, excepto
la mera esencia del proceso mismo.
Sin embargo, a pesar de sus problemas, la planeación tiende a favorecer
el cambio a corto, sobre largo, plazo, simplemente porque como analizaré
posteriormente, sus métodos de predicción, especialmente de las descontinuidades,
son débiles. Los visionarios pueden a veces enfocar amplia y distantemente:
las técnicas de planeación. Por el contrario, no pueden ver, ni más
allá ni tampoco afuera de cada lado. Además, el hecho mismo de tener
que vincularse a la planeación estratégica para presupuestar,
como se señala en los mo- delos, focaliza la atención en el corto
plazo. El largo plazo simplemente no cuenta en la mayoría de
la planea- ción del mundo real, tanto figurativa como realmente.
El riesgo de la política.
Un clima de actividad política estropea el mundo ordenado de
la planeación, según un riesgo convencional. Sin embargo, de hecho,
la planeación hace su parte para producir determinadas actividades
políticas, mientras que otras actividades políticas, a veces hacen
su contribución para promover un cambio progresivo en las organizaciones,
¡a pesar de la planeación!,
La planeación se describe típicamente como objetiva. Pero eso, de
hecho prueba ser una forma desviada de la objetividad. Por una razón,
los planificadores están desviados como el resto de nosotros, en su
caso, de la planeación misma y de su propia influencia en la producción
de estrategias, indudablemente, pero también de las metas que ellos
favorecen implícitamente en la organización. Una inclinación en favor
de la objetividad, por ejemplo, significa como ya lo hemos visto,
el favorecimiento de los procesos analíticos sobre los intuitivos
- aquellos que pueden ser formalmente descompuestos, articulados
y de esta manera replicados y verificados formalmente - .
Además, como ya se ha discutido, la planeación introduce una predisposición
a favor del cambio creciente, de estrategias genéricas y de metas
que pueden ser cuantificadas (de tal manera que por ejemplo, en un
estudio de cómputo de capital) los costos y beneficios típicamente
difíciles de cuantificar fueron excluídos del análisis financiero).13 De este modo, la popularidad de la planeación estratégica pudo haber
favorecido las llamadas estrategias de liderazgo de costo sobre las
de liderazgo del producto, simplemente porque el diseño innovativo
o la alta calidad son más difíciles de medir y formalizar el corte
directamente en ese caso de costos.
Si la planeación está prejuiciada, se vincula con la creación de resistencia
política, al menos de las personas que representan otras creencias
- para el cambio revolucionario, por ejemplo, o las estrategias
creativas o los diseños de innovación de producto o simplemente de
bien anticuada intuición - . Cuando los planificadores impugnan
los procesos informales de los administradores, cuando desalientan
el compromiso en favor del cálculo, cuando actúan como perros de presa
tras las prácticas correctas de los mandos medios, ellos agravan el
clásico conflicto político entre la línea y el staff. De este modo
pueden promover el mismo clima que encuentran incompatible con la
planeación.
Finalmente, la política misma puede, a veces, tener un efecto positivo
en la organización, a pesar de la planeación. Cuando ésta favorece
algo cercano al status quo, mientras que la organización necesita
un cambio radical, entonces el reto político de la planeación y de
otros procedimientos establecidos puede constituir el único camino
para lograrlo. Poniéndolo en forma diferente, la política, como la
intuición sólo puede ser una alternativa viable y preferible para
la planeación para que las cosas funcionen en las organizaciones.
Estos son, desde mi punto de vista, los verdaderos riesgos de la planeación
estratégica. Pero sus problemas reales son más profundos. En conclusión,
voy a discutir especialmente tres, como "deficiencias", reduciéndolas,
en conclusión, a una gran falacia.
El error de la predeterminación.
Para comprometerse en la planeación, una organización
requiere ser capaz ya sea de controlar su ambiente, de predecir
su curso o simplemente, de asumir su estabilidad. De otra manera,
no tiene sentido establecer un curso inflexible de acción que
constituye un plan.
Igor Ansoff escribió en Estrategia Corporativa, en 1965, que "Nosotros debemos referirnos al período en que la firma es capaz
de construir previsiones con una exactitud de, por ejemplo, más o
menos 20% de acuerdo al horizonte de planeación de la firma".14 ¡Una de las declaraciones más extraordinarias de uno de los libros
más populares de siempre! ¿Cómo en el mundo, puede firma alguna saber
el período para el cual una previsión puede proporcionar tal precisión,
dejémoslo sólo en "estar segura" de la sola previsión? Cómo,
en otras palabras, ¿la previsión puede ser prevista? La evidencia
de las previsiones, es de hecho, todo lo contrario. Mientras que ciertos
patrones repetitivos (p. ej. las estaciones) pueden llegarse a predecir,
la previsión de descontinuidades, como las innovaciones tecnológicas
o los incrementos de precio son, de acuerdo son Spiros Makridakis,
un líder experto en el campo, "prácticamente imposibles".
En su opinión, es poco o nada lo que se puede hacer, "sólo estar
preparado en forma general para...reaccionar rápidamente una vez que
la descontinuidad surge".15 Y si tales eventos no pueden
predecirse, la única esperanza para la planeación es asegurar que
ninguna de las consecuencias llegue a ocurrir o simplemente hacer
una previsión por extrapolación. Pero esa esperanza no cuenta mucho
dada otra conclusión de Makridakis, en un artículo de revisión que
escribió con Hogarth, en el que señalan que "La previsión a largo
plazo (de dos o más años) es notoriamente imprecisa".16.
Naturalmente, de manera informal, ciertas personas pueden a veces "ver" cosas que van a ocurrir. Es por eso que las llamamos
"visionarias". Pero ellos crean sus estrategias en una forma
diferente, más personalizada o intuitiva. La estrategia, en este caso,
toma el sentido de una amplia perspectiva, una visión general de la
dirección (que no está articulada en forma muy precisa). El problema
con la planeación es que necesita de esa articulación y precisión,
tanto de la estrategia como de las condiciones en que está inmersa.
No sólo tiene que tener predictibilidad después, sino también durante
la elaboración de la estrategia. En otras palabras, se supone que
el mundo debe mantenerse en quietud mientras que el proceso fluye.
De aquí, aquellos calendarios cerrados de planeación que tienen
estrategias que aparecen, digamos, el primero de junio, para
ser aprobadas por la mesa directiva el día quince.
Uno puede imaginar a los competidores esperando el dieciséis (¡especialmente
si son japoneses y no creen mucho en tal planeación!).
De hecho, el concepto de estrategia mismo implica estabilidad, ya
sea en los planes que se intentan o en los patrones realizados .17 La planeación encaja bastante bien en esto, así como también está
diseñada para estabilizar la conducta. Pero el sujeto aquí, no es
tanto la estrategia como la elaboración de la misma, y ésta se da
precisamente en un mundo que no permanece estático, o no ha permanecido
estático. Esto, en otras palabras, es un proceso dinámico, asociado
con el cambio y generalmente un cambio significativo y discontinúo,
lo que representa las condiciones más incómodas para la planeación.
Las estrategias no se desarrollan bajo una cédula, concebida en forma
inmaculada. Pueden aparecer en cualquier tiempo y en cualquier lugar
de la organización, típicamente a través de procesos de aprendizaje
informal más que en los de la planeación formal. Si las estrategias
representan estabilidad, entonces la elaboración de estrategias es
una interferencia y ninguna cantidad de protestas de los planificadores
acerca de la "administración por crisis" llegará a cambiar
esto. La simple conclusión, a la que deberemos regresar, es que la
planeación estratégica es incompatible actualmente con una verdadera
elaboración de estrategias.
El error de la separación.
Marianne Jelinek desarrolló un punto interesante en un libro
titulado "Innovación Institucionalizada", sosteniendo que
la planeación estratégica es a la suite ejecutiva lo que el estudio
sobre el trabajo de Frederick Taylor era a la planta productiva - una
forma de entrampar las idiosincrasias humanas para sistematizar la
conducta - . Es a través de los sistemas administrativos que la
planeación y las políticas se hacen posibles, porque los sistemas
capturan el conocimiento acerca de la tarea. De esta manera "la
verdadera administración por excepción, y la verdadera política de
dirección son ahora posibles, solamente porque la administración está
inmersa en las detalles de la tarea misma".18.
Si el sistema efectúa el pensamiento, entonces el pensar debe desligarse
de la acción, la estrategia de las operaciones (o tácticas), la formulación
de la instrumentación, los pensadores de los realizadores, y los estrategas
de los objetos de sus estrategias. Los administradores deben, en otras
palabras, administrar a control remoto. Así, Jelinek se refiere a
"la coordinación a larga escala de los detalles - pensamiento
a nivel de planeación y de políticas, sobre y debajo de los detalles
de la tarea misma -"19.
El truco, naturalmente, radica en obtener información relevante hacia
arriba de tal manera que los principales administradores de las alturas
puedan ser informados acerca de aquellos detalles sin tener que mezclarse
en ellos. Pero eso no representa ningún problema: la planeación estratégica
se lleva a cabo con "datos duros" - aquella famosa tecnología
informativa - compactando agregados cuantitativos de los "hechos"
de detalle acerca de la organización y su contexto, empacados sobriamente
para su uso inmediato. Para regresar a Jelinek, "el sistema generaliza
el conocimiento más allá de su descubridor original o de la situación
descubriera" 20.
Con todos los datos necesarios empacados
convenientemente y enviados con regularidad, los principales
administradores nunca requie- ren bajarse de su pedestal en que
los coloca la planeación, ni tampoco los planificadores necesitan
dejar el confort de sus oficinas de staff. Juntos pueden formular
trabajo con sus cabezas - de tal manera que las manos de otros
puedan llevar a cabo su instrumentación - .
Yo sostengo que esto representa una falacia muy perjudicial. La separación
conjunta de los administradores con los planificadores abstractos
no hace malas estrategias; generalmente no hace ninguna. Mire en el
interior de aquellas compañías que están demandando una visión estratégica,
entre toda su planeación estratégica y encontrará la mayor parte de
las veces, ejecutivos que están separados de las mismas cosas sobre
las que supuestamente están elaborando estrategias. Están haciendo
exactamente lo que la planeación les dice que hagan.
La metáfora popular es que los administradores deben ver el bosque
en vez de los árboles, pero desde un helicóptero, un bosque se ve
como una alfombra artificial verde, no un sistema viviente complejo
como realmente es. Aún los administradores de la compañías de madera
para la construcción tienen que bajarse de su piso del bosque para
mirar con detalle los árboles individuales. Una mejor metáfora, por
lo tanto, puede ser encontrar un diamante en la alfombra. En otras
palabras, los verdaderos estrategas se forjan de las pepitas de oro
que ocasionalmente están encubiertas en su camino. Póngalo en forma
diferente, los estrategas efectivos no son personas que se desligan
a sí mismos de los detalles cotidianos, todo lo contrario, se sumergen
en ellos mientras son capaces de abstraer los mensajes estratégicos
de los mismos. El problema con la distinción entre estrategias y tácticas
es que se vuelven claras, sólo deshuesé de que las cosas pasaron - únicamente
pregunte a aquel general que perdió la batalla porque una aguja se
clavó en la pezuña de su caballo. Otra vez las categorías arbitrarias
de la planeación impiden una elaboración efectiva de las estrategias.
En la ignomiosa Batalla de Passchendaele de la Segunda Guerra Mundial
- descrita como "estratégicamente desable" pero "tácticamente
imposible" - el "gran plan" que "era completo"
antes de que la batalla empezara a fallar por las lluvias continuas
que vinieron subsecuentemente. Y de esta manera un cuarto de millón
de las tropas británicas cayeron. "Ningún oficial mayor... se
dijo, puso nunca un pie (u ojos) en el... campo de batalla durante
los cuatro meses en que la batalla iba en progreso... Sólo después
de que ésta aconteció, el Jefe del Staff de la Armada aprendió que
había estado dirigiendo a sus hombres para avanzar en un océano de
fango". 21 ¿Qué es lo que nos ciega de la planeación para
descubrir lo que está oculto en los eventos?.
Esto pone de manifiesto que los datos duros, por ejemplo, los reportes
formales de la Batalla de Passchendaele, que primero "fueron ignorados
y después ordenados en forma discontinua" - han tenido decididamente
una suave vulnerabilidad. Toma tiempo endurecerlos, lo que generalmente
los hace que se retarden: tienden a carecer de riqueza, excluyendo
lo cualitativo, que puede ocasionarles falta de efectividad en los
propósitos de diagnosticar la causa de los problemas; y tienden a
ser sobre agregados, lo que ocasiona que pierdan importantes variaciones
sutiles.22 Estas son las razones por las que los administradores
que se basan en información formalizada (como reportes de investigaciones
de mercado, encuestas de opinión y cosas similares, así como reportes
contables), tienden a aislarse en más de una forma y el por qué los
administradores efectivos han mostrado, estudio tras estudio, basarse
en algunas formas más suaves de la información disponible, incluyendo
chismes, rumores y varios fragmentos tangibles de información.
De hecho, es la misma predisposición de la planeación a los datos
duros lo que separa a los planeadores de la elaboración de estrategias
- como les sucede a aquellos principales directivos de línea que
se la toman muy seriamente. Como ya se señaló, la elaboración de estrategias
es realmente un proceso tanto visionario como de aprendizaje. Pero
la visión es inaccesible para aquellos que no pueden "ver"
con sus propios ojos - que no pueden observar al mundo directamente,
tal como es, en vez de tener que mirarlo a través de filtros. Y el
aprendizaje es inductivo: sucede cuando son descubiertos los detalles
de los cuales se pueden inferir conclusiones generales - aquellos
árboles del bosque, aquel diamante de la alfombra. En otras palabras,
el "gran cuadro" tiene que se pintado por pequeños trazos,
algunos de ellos difusos al principio.
De esta manera, la elaboración efectiva de estrategias conecta el
hacer al pensar, lo que en turno vincula la instrumentación a la formulación.
Pensamos para actuar; para estar seguros, pero también actuamos para
pensar. Probamos cosas y cuando algo funciona, nuestros experimentos
gradualmente convergen en patrones viables que se convierten en estrategias.
Esto no es una conducta llena de argucias sino la verdadera esencia
del proceso de aprendizaje estratégico (que aún algunos de los más
progresistas planeadores han llegado a favorecer) 23.
La confianza completa en el ejercicio de planeación estratégica es
separar la formulación de la puesta en práctica, el pensamiento de
la acción. Los principales administradores ayudados por los planificadores
y sus sistemas, piensan mientras que todos los demás hacen. Entonces,
cuando las estrategias fallan, como pasa frecuentemente, los pensadores
culpan a los hacedores: "Si sólo tú, badajo de campana entendieras
esta bella estrategia...". Pero si los badajos de campanas fueran
listos, contestarían: "Si tú eres tan listo, por qué no formulaste
una estrategia que los badajos de campanas pudieran poner en práctica".
En otras palabras, cada falla en la instrumentación es también, por
definición una falla en la formulación.
Pero yo podría argumentar que la verdadera falacia va más allá: es
la falla en la misma separación entre la formulación y la instrumentación,
entre el pensar y el hacer. Radica en la metáfora desviada, tan popular
en la literatura de la planeación pero que data desde los tiempo de
Frederick Taylor, que las organizaciones tienen cabezas o "superiores"
que piensan y cuerpos o "medios" e "inferiores" que
actúan.
En contraste, los enfoques estratégicos visionarios y de aprendizaje
rompen esta dicotomía permitiendo que la instrumentación informe a
la formulación. Esto puede suceder en dos formas, una más centralizada
y otra más descentralizada. En la primera, el que formula, es decir
el visionario, se conecta íntimamente a la instrumentación, administrando
gran parte de los detalles personalmente, en él cómo se desarrollan,
para adaptar y elaborar la visión en la ruta. En la otra, los así
llamados instrumentadores, se convierten en formuladores, a través
de perseguir las consecuencias estratégicas de sus experimentos específicos.
En cualquier caso, el proceso de la elaboración de estrategias se
vuelve menos artificialmente separado, más ricamente interactivo.
De esta manera, cuando hablamos acerca del proceso de crear una estrategia
viable, podemos hacer a un lado en forma conjunta la frase planeación
estratégica y hablar en su lugar, acerca del pensamiento estratégico
conectado con la acción.
La falacia de la formación
¿Pueden los sistemas de hecho, realizar esto? ¿Puede la "planeación
estratégica" en palabras de un economista del Instituto de Investigación
de Stanford, "recrear" el proceso del "genio empresarial"?24 "Yo estoy a favor de una serie de técnicas analíticas para desarrollar
estrategias", Michael Porter escribió en El Economista,
recientemente25 ¿Pero puede el análisis suministrar una síntesis?.
Note que la planeación estratégica no ha sido presentada como una
ayuda para la elaboración de estrategias, o como un apoyo para el
proceso administrativo natural (incluyendo la intuición), sino como
la primera y en lugar del último. Se ha proclamado que es una práctica
propia - tomando prestada una frase favorita de Frederick Taylor,
la "mejor forma" de crear estrategias.
Hay una interesante ironía en esto, porque la planeación carece de
uno de los mensajes más importantes de Taylor. Este autor fue cauteloso
para notar que los procesos de trabajo tenían que ser completamente
comprendidos antes de que fueran programados formalmente. Sus propios
logros residen en gran parte en esto.26 Pero ¿en qué parte
de la literatura sobre la planeación hay una evidencia desmenuzada
de que los autores siempre se preocuparan por encontrar cómo es que
los administradores realmente elaboran estrategias? En lugar de ello,
sólo se asumió que en la planeación estratégica, el pensamiento estratégico
y la elaboración de estrategias eran sinónimos, al menos en la mejor
práctica. Los directivos "pueden arriesgar seriamente o hasta
llegar a destruir la posibilidad de pensar estratégicamente al no
seguir en forma consistente la disciplina de la planeación estratégica",
escribió Lorange en 1980, sin llegar a sustentarlo27.
Los hechos son; primero, como ya se ha hecho notar, que ninguna de
las cartas imaginativas de planeación contuvieron alguna vez, un sólo
apartado que explicara como se puede crear en realidad una estrategia,
cómo la síntesis de aquellos genios empresariales, o hasta de los
comunes estrategas competentes, podía ser recreada. Segundo, gran
parte de los estudios, muchos de ellos de investigadores que favorecen
el proceso, que buscaron probar que la planeación rinde, nunca lo
lograron. 28 De hecho, una gran parte de la evidencia anecdótica
de la prensa popular de negocios sugiere exactamente la conclusión
opuesta. (Y quien no ha encontrado a un mando medio entusiasmado con
la experiencia: "Muchacho, la estrategia de planeación fue divertida:
no puedo esperar hasta el año próximo para repetirla otra vez").
Un conocido observador del sector público, Aaron Wildavsky, ha concluido
que el famoso esfuerzo de planeación estratégica en el gobierno de
los USA, del PBBS, Robert Mc Namara, "llegó a fallar en todas
partes y todo el tiempo".29 Pero eso no sería menos verdadero
en los negocios, ciertamente si las experiencias de la General Electric
y de Texas Instrument son típicas.30 Entonces, resulta profundamente
irónico que al mismo tiempo que los negocios americanos criticaban
al comunismo, una estructura política enraizada en la planeación centralizada,
estuviera tan enamorada del mismo proceso, y por la misma razón - por
la vana esperanza de que los sistemas pudieran realizar en las organizaciones
sobrecrecidas, lo que los administradores no podían hacer en las mismas.
El tercero es el argumento principal que quiero exponer aquí. La formalización
no ha logrado esto - la "innovación" nunca ha llegado a
"institucionalizarse". De hecho ha pasado todo lo contrario:
la planeación estratégica ha arruinado el pensamiento estratégico.
La investigación realizada por mi, y por otros, ha señalado que la
elaboración de estrategias es un proceso sumamente complejo que involucra
lo más sofisticado, sutil y a veces subconsciente de los procesos
humanos cognoscitivos y sociales. Hemos encontrado que la formación
de estrategias requiere todo tipo de suministros de información, gran
parte de los que no son cuantificables, son sólo accesibles a los
estrategas que están vinculados en vez de aislados. Sabemos que la
dinámica del contexto ha obstaculizado consistentemente las tentativas
por forzar el proceso a través de esquemas o cursos predeterminados.
Las estrategias inevitablemente exhiben algunas cualidades emergentes
y aún cuando se haya deliberado mucho sobre ellas, aparecen con menor
frecuencia en la planeación formal que en las visiones informales.
Y el aprendizaje, en las formas de reordenamientos y comienzos, de
descubrimientos basados en eventos de gratificantes sorpresas del
reconocimiento de patrones inesperados, inevitablemente desempeña
un papel clave, sino el papel clave, en el desarrollo de nuevas estrategias.
De acuerdo con esto, nosotros sabemos que el proceso requiere un conocimiento
profundo de la materia, creatividad y síntesis, todas las cosas que
la formalización desalienta.
La falla en la planeación estratégica es la falla de la formalización
- los sistemas no hacen mejor las cosas o casi tan bien como las
personas de carne y hueso. Es la falla de la previsión, de predecir
discontinuidades, de programar para promover creatividad, de suplir
los datos duros por los suaves, de hacer catálogos para manejar la
dinámica. Ha llegado a ser claro que los sistemas no han logrado ofrecer
mejores medios para manejar el gran cúmulo de información de los cerebros
humanos; de hecho, a veces han empeorado las cosas. La combinación
mecánica de información no ha resuelto ningún problema fundamental
que haya sido solucionado por medio de la intuición. Todas las promesas
hechas en relación a la "inteligencia artificial", los "sistemas
expertos" y similares, no se han materializado a nivel estratégico.
Los sistemas formales, ciertamente, pueden procesar mayor cantidad
de información, al menos la dura: son capaces de consolidarla, agregarla,
moverse en ella, pero nunca pueden internalizarla, comprenderla, ni
sintetizarla. El análisis nunca ha hecho este trabajo. En un sentido
literal, la planeación nunca aprende. El problema de tales sistemas
de planeación no estriba tanto en una categoría específica, como en
el proceso mismo de categorización. Ninguna cantidad de reordenamiento
de bloques puede resolver el problema de la mera existencia de bloques
(una conclusión que bien puede extenderse a la reorganización estructural
también) 31.
De Monthoux ha señalado que el "Pensamiento Tayloriano" no
es lo mismo que el "Taylorismo como cosa".32 Frederick
Taylor había determinado eliminar cualquier potencial creativo que
quedar en los trabajos que él había programado. Su interés era eficiencia
mecánica en la producción repetitiva, no para lo nuevo o integrativo
del pensamiento humano. Al prescribir los procedimientos de los trabajadores,
proscribió su discreción. La planeación estratégica trata de hacer
lo mismo con los administradores de línea (no obstante, que ésta así
lo proclama), y cuando esto sucede, los resultados son devastadores.
El proceso de la formación de estrategias simplemente tiene diferentes
necesidades - de creatividad y síntesis, que dependen de la discreción
de los actores informados.
Humpty Dumpty nos enseñó que no todo lo que viene aparte puede ser
integrado otra vez. De todas las formas de reduccionismo en la planeación,
por lo tanto, la suposición de que la elaboración informal de estrategias
puede ser reducida a una serie de pasos probó ser una reducción al
absurdo. En algún lugar de los hemisferios del cerebro humano, entre
las técnicas duras de planeación del lado izquierdo y las imágenes
suaves de la administración del derecho, la síntesis se llega a perder
en el análisis33.
La gran falacia de la planeación estratégica.
De esta manera hemos llegado a la gran falacia de la planeación,
un compuesto, de hecho, de las tres falacias que ya hemos discutido.
Dado que el análisis no es síntesis, la planeación estratégica nunca
ha sido una elaboración de estrategias. El análisis puede preceder
y apoyar la síntesis, al definir las partes que pueden ser combinadas
en un todo. El análisis puede seguir a la elaboración de una síntesis,
al descomponer y formalizar sus consecuencias. Pero el análisis no
puede sustituir a la síntesis. Ninguna cantidad de elaboración puede
permitir a los procedimientos formales prever descontinuidades, informar
a los administradores que se encuentran aislados, crear nuevas estrategias.
De esta manera, la planeación lejos de proveer estrategias, no puede
proceder sin su existencia previa. Todo este tiempo, por lo tanto,
la "planeación estratégica" ha sido llamada así, erróneamente.
Debió haber sido llamada "programación estratégica" y promovida
como un proceso para formalizar, cuando fuere necesario, las consecuencias
de las estrategias diseñadas de antemano. Ultimadamente, el término
"planeación estratégica" ha probado ser en sí misma como el
oxígeno para el retraso mental.
Notas.
1
H. I. Ansoff. Corporate Strategy, Mc Graw-Hill,
New York. 1965.
2 Véase G. Steiner. Strategic Planning: What Every
Manager Must Know, The Free Press, New York. 1979.
3
O.F. Abel y J. S. Hammond. Strategic Market Planninf,
Prentice Hall, Englewood, N. J., 1979, pp. 434.
4
A. Wildavsky. If Planning is Everything Maybe it's
Nothing, Policy Sciences 4, 1973, 127- 153.
5
See N. Brunsson. Propensity to Change: An Empirical
Study of Decisions on Reorientations, BAS, Goteborg. 1976.
6
H. I. Ansoff. A Quasi-Analytical Approach of the
Business Strategy Problem, Management Technology IV. 1964.
7
P. Selznick. Leadership in Administration: A Sociological
Interpretation, Row, Peterson, Evanston, 1957.
8
Steiner, op. cit., p. 9.
9
P. Lorange, Roles of the CEO in strategic Planning
and Control Processes, en Seminar on The Role of General Management
in Strategy Formulation and Evaluation, cosponsored by E.S.S.E.C.,
E.I.A.S.M., and I.A.E., april 28-30, p. 2 (1980).
10
H. I. Ansoff, The state of Practice in Planning
Systems, Sloan Management Review, (Winter) 19 (1977).
11
The New Breed of Strategic Planner, Business
Week, September 17 62-66,68. 1984.
12
A. Lewis. The Principles of Economic Planning Unwin, London. 1969, p. 17; ver también the Psychological experiments
of G. A. Miller, E. Galanter y K. H. Pribam, Plans and the Structure
of Behavior, for supporting evidence, Henry Holt, New York. 1960.
13
P. Marsh, P. Barwise, K. Thomas, R. Wensley, Managing
Strategic In- vestment Decisions in Large Diversified Companies,
Centre for Business Strategy Report Series, London Business School,
p. 26. 1988.
14
Ansoff, op. cit. 1965, p. 44.
15
S. Makridakis, Forecasting Planning, and Strategy
for the 21st Century, extracted from the 1979 draft , p. 115 (published
in 1990 by The Free Press, New York).
16
R. M. Hogart y S. Makridakis. Forecasting and Planning:
An Evaluation, Management Science, XXVII, 122. 1981.
17 On intended and realized strategies, véase H. Mintzberg. Crafting Strategy, Harvard Business Review (July- August)66-75.
1987.
18
M: Jelinek. Institutionalizing Innovation: A Study
of Organizational Learning, Praeger, New York p. 139. 1979.
19
Ibid., p. 136.
20
Ibid., p. 139.
21
M. D. Feld. Information and Authority: The Structure
of Military Organization, American Sociological Review, XXIV, 21.
1959; ver también J. L. Stokesbury, A Short History of the World
War Morrow, New York. 1981.
22
Ver H. Mintzberg. Impediments to the Use of Management
Information, Society of Industrial Accounstants, New York. 1975.
23
Ver A. P. de Gues. Planning as learning. Harvard
Business Review (March-April), 1988, 70-74.
24
J. D. Mc Connell. Strategic Planning: One Workable
Approach, Long Range Planning 4 2, (2), 1971.
25
E. Porter. Corporate Strategy: The State of Strategic
Thinking, The Economist, May 23. 1987.
26
F. W. Taylor. The Principles of Scientific Management,
Harper and Row, New York. 1913.
27
Lorange. Op. cit. p. 12.
28 Véanse las entrevistas a R. K. Bresser and R. C. Bishop, Dysfunctional Effects of Formal Planning: Two Theoretical Explanations,
Academy of Management Review, VII 588-599 (1983); C. B. Shrader, L.
Taylor and D. R. Dalton. Strategic Planning and Organizational
Peformance: A Critical Appraisal, Journal of Management 10, 149-171,
1984; y B. K. Boyd. Strategic Planning and financial Performance:
A Meta-Analytical Review, Journal of Management Studies XXVIII,
353-374, 199.
29
A. Wildavsky. The Politics of the Busgetary Process,
Second edition, p. 205, Little, Brown Boston, MA 1974.
30
Ver por ejemplo, Business Week articles of September
19, 1983; September 17, 1984; and November 5, 1984.
31
K.E. Wewick. Managerial Thought in the context
of Action, In S. Srivastra and Associates (eds), The Executive
Mind, p. 240, Jossey-Bass, San Francisco (1983).
32
P. G. de Monthoux. Modernism and the Dominating
Firm, paper prepared for Young and Rubicam seminar, Convergences
et divergences culturelles en Europe, Paris (1989).
33
Ver H. Mintzberg. Planning on the Left Side and
Managing on the Right. Harvard Business Review (July-August) 49-58.
1976.
Anahí Gallardo Velázquez
Profesora investigadora del Departamento de Administración de la UAM-A.
Publicado originalmente en http://www-azc.uam.mx/publicaciones/gestion/num7/art14.htm
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